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viernes, 29 de abril de 2022

LATÍN

 TITO LIVIO 

(Patavium, hoy Padua, Italia, h. 64 a.C. - id., 17 d.C.) Historiador latino. Instalado en Roma probablemente a partir del año 30 a.C., se interesó por la retórica y escribió diálogos morales, que después dejó de lado para consagrarse a la redacción de una gran historia de Roma, Ab urbe condita libri (más conocida como las Décadas), que le valió el favor del emperador Octavio Augusto. Sólo se conservan 35 libros de los 142 que componían la obra, que cubre desde la fundación de la ciudad hasta el año 9 a.C. Pieza cumbre de la prosa latina del final del período clásico, para su composición se sirvió de archivos y de historiadores antiguos a los que rara vez cita (por lo que su obra carece de fiabilidad respecto a algunas épocas) e intercaló pequeñas reflexiones en medio de la narración, marcada por un tono épico y dramático. Livio concebía la historia desde un punto de vista moral, y, más que una obra científicamente construida, la suya es la aportación de un poeta que canta con entusiasmo el esplendor del pueblo romano. Muy admirado por sus contemporáneos, sirvió de modelo a historiadores posteriores e influyó en los poetas épicos.

Descendiente de una familia acomodada, Tito Livio adquirió una buena formación cultural en Grecia, y estudió retórica y filosofía en Padua y más tarde en Roma. Su infancia coincidió con los últimos acontecimientos que precipitaron la crisis republicana hacia la monarquía cesariana; asumió la toga viril cuando Padua, junto con toda la Galia Cisalpina, fue incorporada por Augusto a los dominios de Roma. En adelante, el futuro historiador vería en Roma a la madre común. La "patavinitas" ("paduanidad" o peculiaridades propias de Padua) que en Tito Livio o más probablemente en su lenguaje vislumbraba Asinio Polión permite creer que su cultura debió de formarse sobre todo en la ciudad natal; en ella habría madurado el espíritu conservador debido al cual mantendría ciertas simpatías pompeyanas y afirmaría no saber si el nacimiento del César había de considerarse un bien o un mal para Roma.

Con todo, tal inclinación conservadora, poco personal y todavía menos partidista, no fue sino consecuencia de una ética patriótica que le sitúa en la misma tradición de Horacio y Virgilio, como cantor de las antiguas glorias republicanas y, al mismo tiempo, de la paz restaurada por el príncipe. Livio fue amigo de Octavio Augusto, quien le llamaba "pompeyano" por el espacio que dedicó en su obra a las grandes figuras de la República. De su fama y prestigio dan cuenta Plinio el Joven y Plinio el Viejo, Séneca, Quintiliano, Marcial y Tácito. Se han perdido sus obras filosóficas, recordadas por Séneca, y la carta al hijo donde habla de Cicerón como modelo de oratoria.

En su madurez, Livio vivió al margen de la política, dedicado a redactar, entre el 28 a.C. y el 17 d.C., su extensa obra histórica Ab urbe condita (Desde la fundación de la ciudad). En ella desarrolló la historia de Roma desde su fundación hasta el año 9 a.C. De los 142 libros que originalmente la componían sólo se han conservado los diez primeros, que abarcan desde Rómulo y el período de los siete reyes hasta el año 293 a.C., y los comprendidos entre el libro XXI y el XLV, que tratan sobre las campañas de Aníbal, la segunda guerra púnica, la tercera guerra macedónica y los sucesos ocurridos hasta el año 170 a.C.

Livio ordenó la historia año por año, siguiendo la técnica analítica, y articulando el relato en bloques de cinco libros o "péntadas". Se basó en historiadores como Polibio de Megalópolis, utilizó numerosos recursos formales y de contenido, y usó la lengua latina posterior a Cicerón. Alternó, sin mezclarlos, hechos civiles de carácter político y social con episodios militares o diplomáticos, y aunque a menudo se valió de un estilo propangandístico y moralizante para exaltar el pasado de Roma, logró a lo largo de la obra una admirable unidad y una cuidada organización. Para conseguir viveza en la narración recurrió al relato, a los discursos, a la descripción de personajes y a determinados episodios dramáticos, logrando una magistral exposición de los hechos.

Fue al parecer al día siguiente de la batalla de Actium, que devolvió la paz y concordia al imperio romano agitado por un siglo de guerras civiles, cuando Tito Livio concibió el proyecto de narrar la historia de Roma en una obra que por su amplitud de líneas, elevación de miras y nobleza de forma fuese digna de la grandeza del tema; de estas cualidades carecían las narraciones, por lo demás extensas, de los analistas de la época ciceroniana. En el 27 o 26 a. de C., Livio publicaba los primeros libros de su obra, que le granjearon la admiración universal; y ya después consagró a su gigantesco empeño el resto de su vida. Los 142 libros que llegó a componer constituyen la obra más voluminosa de toda la literatura latina. De la parte perdida de la obra se conservan poquísimos fragmentos, y, de todos los libros, los sumarios (Periochae) hechos bastante tarde, quizá sobre un epítome del siglo primero, del que se valieron escritores como Paulo Orosio y Julio Floro.

Livio, que tenía educación de retórico, como la mayoría de los historiadores romanos, estaba lejos de una concepción científica del trabajo historiográfico: su ideal no era la búsqueda ni la crítica de documentos, sino la fusión de la tradición literaria existente en una unidad armónica. Por esto el valor histórico de la narración de Livio depende del valor de las fuentes, que reelaboró libremente según sus exigencias artísticas, sin tener en cuenta su valor intrínseco. Allí donde descubría contradicciones o falsificaciones, indicaba las distintas opiniones ajenas o sus propias dudas, pero no entraba en discusiones, que habrían turbado la unidad artística de su obra o habrían retrasado su continuación. A las obras más antiguas, pero pobres de materiales, prefirió, pues, las producidas por la más reciente analítica, llenas de invenciones pero difusas, y pasó sin entretenerse sobre las épocas arcaicas.





https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/livio.htm


jueves, 17 de marzo de 2022

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 PLAUTO 

Tito Maccio Plauto; Sarsina, actual Italia, 251 a.C. - Roma, 184 a.C.) Comediógrafo latino. A pesar de que los datos sobre su vida son inciertos, se cree que trabajó en Roma durante su juventud en una compañía teatral, quizá como actor cómico, y que, habiendo ahorrado un poco de dinero, lo invirtió sin éxito en una especulación comercial. Empobrecido, se dice que trabajó como molinero mientras escribía sus primeras obras en sus ratos de ocio.

Sus comedias comenzaron a representarse en Roma a partir del 210 a. C., en medio de un gran éxito de público, hecho que se tradujo, tras su muerte, en una abundante circulación de obras. Son más de 130 las comedias atribuidas a Plauto, aunque el crítico Varrón, en el siglo I a. C., consideró que sólo 21 eran auténticas, las mismas que han llegado hasta hoy.

Plauto se dedicó exclusivamente a la comedia, tomando como modelo a Menandro, Dífilo, Filemón y otros autores de la nueva comedia griega, que él adaptó al gusto romano y que al parecer contrastó con otras obras romanas contemporáneas, mezclando personajes y situaciones. Si bien partía de situaciones completamente convencionales, Plauto supo combinar con gran maestría la acción y el diálogo, pasando con un ritmo vivo de la intriga al retrato de costumbres, y supo imprimir a sus textos una dosis importante de lirismo y fantasía.

Su gran contribución literaria, sin embargo, reside ante todo en su lenguaje, vivo y de gran riqueza, con una gran variedad de recursos que empleó para crear una lengua original que constituye una de las más excelsas muestras de latín literario. Su influencia se ha mantenido viva desde la Antigüedad tardía hasta hoy, haciéndose presente en las divertidas versiones de Boccaccio, Ariosto, Shakespeare o, más modernamente, Molière, John Dryden o Gotthold Ephraim Lessing.



https://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/plauto.htm

jueves, 3 de febrero de 2022

LATÍN

 TITO LIVIO 


Nacido en Patavium (actual Padua), norte de Italia. Parece ser que pasó la mayor parte de su vida en Roma, donde fue tutor del futuro emperador Claudio I. 

Su Ab urbe condita, más conocida como Décadas, era una narración en 142 libros de acontecimientos ocurridos desde la fundación de la ciudad en el 753 a.C. hasta el 9 a.C. 

Sólo existen 35 de ellos: los libros I-X, en gran parte contienen relatos semilegendarios del origen y la historia más antigua de la ciudad; y los libros XXI-XLV tratan sobre la segunda Guerra Púnica y las Guerras Macedónicas. Existen fragmentos de algún otro libro, cuyo contenido se conoce a través de las descripciones hechas por otros escritores. 

Fueron publicados en grupos de cinco, el primer grupo hacia el 26 a.C. y el último en el 14 d.C. Escribió durante el reinado del emperador Augusto, cuando el Imperio romano dominaba el mundo mediterráneo, con la intención de demostrar que Roma había sido destinada a la grandeza, ya desde los días de sus humildes orígenes, y a proporcionar un fondo adecuado para las glorias de la época de Augusto. 

Usó el material que encontró en los relatos de historiadores romanos anteriores a él, sin intentar diferenciar hechos veraces de los ficticios, de ahí que su trabajo se distinga más por su estilo literario y habilidades dramáticas que por su exactitud histórica.
 



https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/1548/Tito%20Livio

martes, 18 de enero de 2022

LATÍN

 VIRGILIO

Publio Virgilio Marón, calificado "príncipe de los poetas latinos" fue hijo de un industrial alfarero y de una mujer liberte, que le dieron una educación esmerada. Estudió en Cremona hasta los 15 años y continuó sus estudios en Milán y Nápoles, dedicándose al conocimiento pleno de los autores griegos, especialmente de Homero. Estudió también algo de medicina, matemáticas y filosofía, adquiriendo una selecta cultura. A la muerte de su padre se traslada a Mantua y administra la heredad paterna. La vida en el campo era su ambición más firme y a ella se dedica reflejándola en los poemas bucólicos llamados "Eglogas". A los treinta y cuatro años se reitró a Nápoles para escribir su poema "Las Geórgicas", con la intención de encaminar las energías del pueblo romano al ejercicio de la agricultura, que era para él fuente de riqueza y prosperidad, y que había sido olvidad por un pueblo guerrero. Terminada esta obra dedicó los diez años siguientes a escribir "La Eneida", el poema de los orígenes, grandeza y esplendor de Roma. Viajó por todos los lugares donde Homero emplazó sus epopeyas, hasta que fue reclamado por el emperador de Roma. No bien desembarco en Brindis falleció a consecuencia de una turbulenta navegación que debilitó su ya enfermiza salud.

Gozó Virgilio en su época de una popularidad ensordecedora y le rodeó una atmósfera de veneración y de afecto inigualable. Era para todos modelo de sinceridad y benevolencia, prototipo de hombre perfecto. Su amor al estudio y el esmero con que guiaba, corregía y enmendaba sus versos, se transparenta en todas sus obras, reflejando cómo se esforzaba el poeta en dejar a la posteridad un legado literario que resistiese el paso del tiempo. Sus amigos cuidaron de las primeras transcripciones de sus obras de las que no se conserva ninguna, las primeras que conocemos pertenecen a el siglo V y el siglo VI. La figura de Virgilio fue adornada en la Edad Media con todos los caracteres de la leyenda. Algunos pasajes enigmáticos de sus poemas condujeron a la opinión de que encerraban una doctrina esotérica, algunos escritores cristianos llegaron a presentarle como pregonero del cristianismo, considerando como una profecía mesiánica el comienzo del Idilio IV, dirigido al cónsul Asinio Polión y al hijo de éste, recién nacido.

Incitado por sus protectores, escribió las Geórgicas, en apoyo de la política imperial de relanzar la agricultura en Italia, en las cuales recrea la belleza de la vida campesina y sus distintos aspectos: labranza, ganadería y apicultura. Según Virgilio, el linaje romano procede del hijo de Eneas, Ascanio, que habría fundado la ciudad de Roma. El modelo homérico está presente tanto a nivel formal como temático, aunque es visible también la influencia de poetas romanos como Ennio, Lucrecio y Apolonio de Rodas.

El verso de Virgilio en la Eneida fue considerado en su propia época, y a partir de entonces, como modelo de perfección literaria tanto por su equilibrio métrico como por su musicalidad. Sin embargo, el poeta no pudo terminar su obra, pues en el 19 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia con la intención de corroborar sobre el terreno las referencias paisajísticas y geográficas de su obra maestra, prácticamente finalizada para entonces, y para profundizar en el estudio de la filosofía.

Durante el viaje enfermó gravemente, y en su lecho de muerte pidió a sus amigos Vario y Plocio que destruyeran La Eneida, por considerarla imperfecta, ruego que no fue atendido por orden de Augusto y poco después fue publicada por Vario Rufo y Plotio Tuca.

No bien desembarco en Brindis falleció a consecuencia de una turbulenta navegación que debilitó su ya enfermiza salud.




Virgilio - EcuRed

lunes, 15 de noviembre de 2021

LATÍN

Sus obras retóricas menores, escritas entre los años 86 y 44 a. C., son De inventione (86 a. C.), De optimo genere oratorum (46 a. C.), Topica (44 a. C.) y Partitiones oratoriae (45 a. C.).

De inventione, obra de juventud, guarda ciertas analogías (tanto en los planteamientos metodológicos como en los contenidos teóricos y normativos) con su contemporánea, Rhetorica ad Herennium. Es una recopilación antológica de nociones y de preceptos seleccionados entre las obras de diferentes autores. Fue uno de los principales vehículos de transmisión de la Retórica antigua a la Edad Media. Se apoya en los principios filosóficos de Aristóteles, y hace un análisis crítico de las nociones de Hermágoras. Su contenido es fundamentalmente judicial, y explica, sobre todo, el «epiquerema», silogismo desarrollado en el que una premisa o las dos son seguidas por sus pruebas. Para él constituye el modelo del «buen argumento» (Barthes, 1970: 19).

Cicerón concibe aquí la «invención» como un ámbito genérico en el que se integran todas las demás operaciones retóricas. Presenta, también, una descripción resumida de las partes del discurso: el exordium, o introducción que capta la atención del oyente; la narratio, o enunciado de la cuestión; la partitio o divisio, enunciado de los aspectos bajo los cuales se plantea el caso; la confirmatio, o presentación de los argumentos constructivos, y la refutatio, o impugnación de pruebas contrarias. Enumera, finalmente, los recursos que sirven para suscitar ciertos estados de ánimo o para estimular determinadas pasiones, adecuadas al tipo de auditorio al que se dirige y a la naturaleza de la causa que se debate.

De optimo genere oratorum constituyó el prólogo de su traducción, hoy perdida, del debate entre Demóstenes y Esquines, titulado De Corona. Defiende que el estilo ático es el más elevado, y lo propone como modelo de estricta pulcritud y de sobria elegancia. Muestra su desacuerdo, sin embargo, con aquellos autores que creen que la perfección oratoria se puede alcanzar mediante la simple corrección: un discurso exclusivamente correcto, afirma, es demasiado frío y carece de «fuerza» y de «sangre». Finalmente, expone su ideal teórico de la traducción, que ‑afirma‑ no ha de ser tan literal que pierda el genio del idioma, ni tan libre que haga olvidar el texto original.

Topica, manual sobre lugares comunes dirigido a Trebacio, es un resumen de los Tópicos de Aristóteles y pretende ser un instrumento práctico al servicio de la actividad jurídica. Esta obra, ilustrada con ejemplos jurídicos, filosóficos y literarios, define el «tópico» como el lugar que proporciona los argumentos que convierten un asunto dudoso en creíble.

Partitiones oratoriae, manual escolar redactado en forma de preguntas y de respuestas, es un resumen breve en el que Cicerón orienta a su hijo en el estudio de la filosofía académica y en el ejercicio de la oratoria que en ella se funda. Es una Retórica elemental y esquemática en la que trata de los recursos del orador, de los componentes del discurso, de la naturaleza de las causas y de los diferentes tipos de público.

Las obras retóricas mayores

La contribución ciceroniana más importante a la Retórica abarca la trilogía formada por De Oratore (55 a. C.), Brutus (45 a. C.) y Orator (46 a. C.). De Oratore es, según la opinión de la mayoría de críticos, la obra maestra de la retórica ciceroniana. Dedicada a su hermano Quinto, está redactada en forma de diálogo y sus interlocutores principales son Licinio Craso y Marco Antonio.

Comprende tres libros dedicados, respectivamente, al orador, a la invención y a la disposición, y a la elocución. Los teóricos valoran, sobre todo, su original interpretación de la noción de historia, la importancia que concede a la «simpatía» como capacidad de identificación emocional, las agudas explicaciones sobre la fuerza persuasiva del humor, la identificación entre el bien pensar y el bien decir, el aprecio de la novedad como valor estético, la atención que presta a la cadencia rítmica, y, sobre todo, la pulcritud del estilo en que este libro está redactado.

Por la importancia que concede a la fundamentación teóri­ca, esta obra es generalmente considerada como la frontera que marca la transición entre la concepción normativa y el plantea­miento filosófico de la Retórica. Cicerón defiende que ciencia y elocuencia, conocimiento y palabra (el sapere y el dicere), son dos aspectos complementarios e inseparables de la compe­tencia oratoria. Craso, portavoz de Cicerón (en los libros pri­mero y tercero), considera que la preparación intelectual del orador que pretenda intervenir con eficacia en la vida política y social de su tiempo es imprescindible. El carácter pragmático de la Retórica hace teóricamente inaceptable la separación entre res («contenido») y verba («expresión»).

En el libro segundo, Cicerón desarrolla sus ideas sobre la inventio, la dispositio y la memoria, y, al explicar las cualidades que deben adornar al orador, expresa su preferencia por el ingenium (la predisposición innata) y por la diligentia (la atención a la causa y a sus circunstancias). Concede una importancia secundaria al conocimiento de la teoría y a la aplicación de las normas. Aquí defiende que «enseñar», «conmover» y «deleitar» constituyen los fines, no sólo de todo el discurso sino, también, de cada una de sus partes («exordio», «proposición» o «narración», «argumentación» y «conclusión»). Siguiendo a Aristóteles, reconoce la fuerza de la comicidad en determinadas situaciones oratorias.

En el tercer libro de esta obra, trata de la elocutio y de la pronuntiatio. Insiste en que el conocimiento adecuado de los contenidos (res) es tan necesario como el dominio de la expresión (verba): sólo sabemos ‑es su teoría‑ lo que somos capaces de expresar mediante palabras. Cicerón reformula en esta obra los rasgos que deben caracterizar a la «elocución» oratoria y se detiene especialmente en los elementos que constituyen el ornatus (tropos y figuras) del discurso.

Según él, el orador debe estar adornado con todas aquellas cualidades que caracterizan a cada uno de los demás profesionales de la palabra: la agudeza de análisis de los dialécticos, la profundidad del pensamiento de los filósofos, la habilidad verbal de los poetas, la memoria indeleble de los jurisconsultos, la voz potente de los trágicos, el gesto expresivo, finalmente, de los mejores actores.

Esta concepción globalizadora de la oratoria, a juicio de algunos críticos (Alberte, 1992), estimuló el desarrollo del modelo educativo que la Antigüedad transmitió a la Edad Media, en el que la Retórica ocupa el centro de las tres primeras artes liberales (entre la Gramática y la Dialéctica).

Brutus es un compendio histórico compuesto en forma dialogada en el que toman la palabra Cicerón, Ático y Bruto. Trata sobre el arte oratorio en Roma y esboza un panorama general de la elocuencia preciceroniana. Entre los antecesores de Cicerón figuran la mayoría de los políticos principales de la Roma republicana, quienes, como es sabido, fueron grandes oradores. Sobresalen de manera especial Escipión Emiliano, Gayo Lelio, Servio Sulpicio Galba, Cecilio Metelo Macedonio, Tiberio y Cayo Graco; más tarde, Marco Antonio y Licinio Craso ‑los interlocutores principales del De Oratore‑ Cayo Aurelio Cota, y el gran Hortensio.

Cicerón, acusado de hablar al modo «asiático», hace una valoración de más de doscientos oradores griegos y latinos utilizando como criterios de análisis los cinco cánones de la oratoria, las tres funciones del orador ‑persuadir, agradar y conmover‑ y los tres tipos de estilo ‑sencillo, medio y sublime‑.

El Orator es una obra clave para el conocimiento histórico de la teoría de la prosa y del ritmo. Está escrita en forma de carta dirigida a Bruto, y en ella Cicerón prosigue la polémica entablada con los aticistas. Reconoce que su ideal de orador perfecto ‑que domine por igual todos los géneros y los estilos‑ no ha existido nunca, pero admite que la imitación es una tarea siempre perfectible.

Aunque dedica cierta atención a la «invención» y a la «disposición», la mayor parte de este libro se ocupa de la «elocución». Partiendo de la interrelación que se establece entre las tres funciones del orador ‑enseñar, agradar y mover‑ y de la consideración de los tres niveles del estilo ‑sencillo, medio y sublime‑, Cicerón propone la dimensión estética del discurso como el principio unificador de toda su elaboración (Murphy [ed.], 1988: 193).

El orador ha de probar, deleitar y conmover según aconsejen las circunstancias, y debe, sobre todo, manejar con soltura los tres estilos. Debe, finalmente, poseer conocimientos precisos de Filosofía, de Derecho y de Historia, y ha de dominar las reglas esenciales de la Retórica. El plan de la obra es binario: exponer lo que el orador debe decir -«invención» y «disposición»- y el modo cómo debe decirlo -«elocución» y «acción»-.

Creemos que la aportación más valiosa de Cicerón, hábil orador y prestigioso profesor de Retórica, estriba más en los ejemplos de sus discursos y epístolas (Rhetorica utens) que en sus tratados teóricos (Rhetorica docens). Contribuyó decisivamente a «desintelectualizar» y a «romanizar» la Retórica (Barthes, 1970) y, sobre todo, a ampliar y a profundizar su objeto.

Para Cicerón, la Retórica, más que una ratio dicendi es una forma de sabiduría y un arte de pensar, y sostiene que, en sus inicios, Filosofía y Retórica se complementaban: la primera era omnis rerum optimarum cognitio, la segunda iis exercitatio. A su juicio, el orador ideal es aquél que es capaz de tratar sobre cualquier tema de forma sabia y elocuente, a la vez que con dignidad y moderación.

El mérito de Cicerón quizás consista en la fuerza con que defendió la reintegración de la Retórica en la Filosofía (González Bedoya, 1990, I: 81). En consecuencia, según el sistema ciceroniano, el estudio de la Retórica se convierte en un curso de las artes liberales.

Si bien Cicerón no trata directamente de la poesía, sí hace referencia a la «elocución» del poeta. Teniendo en cuenta que, a su juicio, la poesía tiene una finalidad exclusivamente «deleitosa», entiende que los rasgos característicos de la elocución poética son de índole formal: el ritmo y las figuras. Considera al poeta inferior al orador. Pese a todo, muchas de las cuestiones que aborda en sus propuestas sobre Retórica (especialmente la teoría de los tres estilos y su noción del decorum) están presentes en las teorías poéticas medievales.




http://www.cervantesvirtual.com/portales/retorica_y_poetica/ciceron/


miércoles, 20 de octubre de 2021

LATÍN

 Esta asignatura la imparte Lupe y tenemos 4 horas a la semana. 

Hasta ahora estuvimos dando la parte teórica de la materia en la que entran topónimos, expresiones latinas, prefijos latinos y un tema de literatura, la lírica de Horacio.

¿Quién era Horacio?

(Quinto Horacio Flaco; Venusia, actual Italia, 65 a.C. - Roma, 8 a.C.) Poeta latino. Hijo de un esclavo liberto, tuvo la oportunidad de seguir estudios en Roma, y posteriormente en Atenas, adonde se trasladó para estudiar filosofía. Una vez allí, fue acogido por Bruto, el asesino de Julio César, y nombrado tribuno militar de su ejército. Sin embargo, en la batalla de Filipos (42 a.C.) se evidenció su falta de aptitud para el arte militar y decidió regresar a Roma.

Empezó a trabajar como escribano de la cuestura, cargo que le dejaba tiempo libre para dedicarse a escribir versos. Por entonces conoció a Virgilio, quien lo introdujo en el círculo de Mecenas, donde paulatinamente ganó relevancia y afianzó la amistad con su protector.

Mecenas lo presentó a Octavio Augusto, y Horacio consiguió también la protección del emperador, que incluso le ofreció el cargo de secretario personal suyo, puesto que rechazó por no adecuarse a los principios de su moral epicúrea. Personaje muy respetado en los altos círculos romanos, tanto literarios como políticos, se mantuvo siempre bajo el amparo de Mecenas, junto con quien está enterrado.

Su poesía se divide en cuatro géneros que dan nombre a sus obras: Sátiras, invectivas personales y retratos irónicos de su tiempo divididos en dos libros y escritos en hexámetros; Épodos, diecisiete poemas yámbicos de temática variada e influencia helenística, en especial de Arquíloco; Odas (Carmina), también en hexámetros; y las Epístolas, su última obra, en la que, coincidiendo con una actitud vital y literaria más calma y más propicia a la reflexión moral que a la invectiva y la sátira mordaz que caracterizaron sus obras primeras, optó por la ficción epistolar sin abandonar la escritura en hexámetros.

Entre las Epístolas se encuentra la célebre Arte poética, que marcó las pautas de la estética literaria latina. La poesía horaciana, con su variedad de temas nacionales y, sobre todo, su perfección formal, signo de equilibrio y serenidad, fue identificada en el Renacimiento como la máxima y más excelsa expresión literaria de las virtudes clásicas, y su influencia se ha mantenido hasta hoy.



HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

NIETZSCHE (Röcken, actual Alemania, 1844 - Weimar, id., 1900) Filósofo alemán, nacionalizado suizo. Su abuelo y su padre fueron pastores pro...